JOSE IGNACIO GARRIDO FERNANDEZ-PITA.


C/ C´rdoba,3-1º
MEDICINA GENERAL
GUADIX, Granada 18500
España

HISTORIAS CLÍNICAS.

Como siempre ha podido comprobarse entre los profesionales de la medicina y las conversaciones en las que nos vemos involucrados, la epidemiologia es tan decisiva a la hora de llegar a un diagnóstico, que cuando el médico se encuentra "en el lugar de los hechos", resulta mucho más fácil averiguar la causa de ciertos problemas. La semana pasada me invito a su chalet uno de mis colegas. Contra mi costumbre de alterar mis hábitos, decidí aceptar la invitación a fin de relajarme algo y cambiar de aires, tras unas jornadas de intenso trabajo que me habian dejado bastante agotado. Pués bien, al poco de llegar, apareció el casero que cuida la finca acompañado de un pequeño de 8 años, su segundo hijo. El hombre se presentó, nos saludó amablemente y, "disculpandose de antameno por su atrevimiento", me pidió que reconociese una lesión muy pruriginosa que le había salido a su pequeño en uno de sus muslos. El chaval, de aspecto saludable y despierto nos mostró la mencionada lesión, situada en la mitad de su muslo derecho, justo al límite del final de su pantalón corto. Se trataba de una lesión ovalada y circinada, de unos 2 ó 3 cm, de bordes eritemato-descamativos y centro blanquecino, así como heridas de rascado asociadas, ligeramente infectadas. El jovencito había notado picor una semana antes y, poco a poco, había hecho su aparición la lesión cutánea que cada día que pasaba le picaba más. Una vez explorado, mi amigo, el colega que me había invitado, hábilmente se inhibió asegurando que ese diagnóstico me correspondía a mi, según él, "por mi probada perspicacia en muchos otros casos". Así pués, y solo ante el problema, pedí algo de tiempo para ir a explorar la zona por la que minutos antes me habían asegurado que el chaval iba normalmente y, dando este paseo, encontré al presunto culpable. Las lesiones cutáneas circinadas tienen con frecuencia una etiología micótica y, al cerciorarme de que el pequeño solo frecuentaba el terreno y los aledaños en los que nos encontrábamos pude comprobar que próximo había un cobertizo donde se encontraba el perro de la fínca; lógicamente supuse enseguida que sería "el íntimo de mi amigo", lo que él y su padre me confirmaron. Como el pequeño era diestro, el roce contínuo del roce del perro contra su muslo derecho, cuando lo sacaba a pasear, se convirtió en la forma de contagio más probable de la presunta tiña. El hallazgo de las lesiones en el perro y de Microsporum canis en el raspado de la lesión del chico, confirmaron el diagnóstico final de micosis cutánea.


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Última actualización el 01/Enero/2015.


José I. Garrido Fdez-Pita 1998-2015.